Chris Wright, el alero que introdujo la Esclerosis Múltiple en la NBA

Durante un partido, el jugador estadounidense se cayó al suelo y perdió la sensibilidad en la parte derecha de su cuerpo. Lejos de tirar la toalla, Wright sacó todas sus fuerzas para entrar en la NBA

EMPOSITIVO | 15/11/2016

Chris Wright, en la NBA / MCT

Chris Wright, en un partido de la NBA con los Dallas Mavericks / MCT

Cuando a Chris Wright (1988), jugador estadounidense de baloncesto profesional, le diagnosticaron Esclerosis Múltiple, su sueño se vino abajo. Lo que comenzó como un simple resbalón en mitad de un partido se convirtió, según él mismo confesó, en una pesadilla. Su cuerpo empezó a fallar, a debilitarse y el equilibrio se convirtió en su peor enemigo. Todos pensaban que era el fin de su carrera profesional, que nunca más podría volver a jugar un partido. Pero se equivocaban. Wright se esforzó, se activó y sacó todas sus fuerzas para seguir adelante… hasta convertirse en el primer jugador de la NBA con Esclerosis Múltiple.

Chris Wright estaba más que acostumbrado a recorrer la cancha de baloncesto de un lado a otro, pero un día sintió que algo fallaba. Durante un partido con el modesto Olin Edirne de Turquía, el alero perdió el equilibrio y se cayó al suelo. Lo que parecía un simple resbalón resultó ser algo más. Unas horas después de la caída, Wright comenzó a perder la sensibilidad en la mano, el brazo y toda la pierna derecha. Consultó con un médico y regresó a Estados Unidos sin entender muy bien el diagnóstico. Le hablaron de Esclerosis Múltiple, pero el jugador no conocía la enfermedad.

“Ni siquiera sabía qué era eso. La primera vez que me hablaron de la Esclerosis Múltiple fue como: ‘Vale, ok, ¿y qué tengo que hacer para recuperarme?'”, confesaba Bright en una entrevista para Usa Today. Los médicos le aseguraron que estaba ante el final de su prometedora carrera profesional, que nunca más volvería a jugar un partido. Estuvo a punto de tirar la toalla, motivado por los comentarios que recibía. “Todos me decían que lo sentían. Hay muchas cosas negativas alrededor de esta enfermedad y todos se ponían en lo peor”, explicaba el jugador. Las puertas se le iban cerrando, pero rendirse no era una opción para él.

Pero gracias a su esfuerzo y superación, Wright volvió a estar en el punto de mira del baloncesto. “No solo quiero jugar al baloncesto, quiero demostrar que se puede hacer al primer nivel”, aseguraba. Y así fue: en agosto de 2012 los Iowa Energy se interesaron por él.  Su esfuerzo y perseverancia le hicieron ganarse un hueco en el equipo, en el que destacó con importantes puntuaciones. Y todo, mientras vigilaba su dieta y tenía que hacer una visita mensual al hospital para que le inyectaran su medicación. Pero eso era secundario para él, no quería darle más importancia de la que tenía.

Paso a paso, consiguió hacerse notar hasta conseguir un contrato -eso sí, de corta duración- para jugar en la NBA con los Dallas Mavericks, convirtiéndose así en el primer jugador de la historia de la NBA con Esclerosis Múltiple. Su sueño se había cumplido y Wright se convertía en todo un ejemplo de superación en el mundo del baloncesto estadounidense. “Me recuerdo constantemente que debo disfrutar de cada minuto porque en algún momento la pelota va a dejar de botar”, explicaba Wright. Pero mientras siga botando, el jugador no dejará que la enfermedad le supere.

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