Raquel Vilariño

 

RAQUEL VILARIÑO (Vigo) | 07/11/2016

Hace cuatro meses que me diagnosticaron Esclerosis Múltiple, y aunque si bien es cierto que no he tenido unos síntomas demasiado angustiosos -he tenido mareos, se me han dormido o adormilado las piernas en dos ocasiones durante unos 15 días, y por épocas tengo fotopsias (flashes en la vista)- sí tengo que reconocer que me aterroricé el día que me dijeron que tenía un 90 % de posibilidades de padecer la enfermedad.

Pero comencemos por el principio…

Los años previos al diagnóstico, os puedo asegurar que me sentí la persona más incomprendida del mundo. Allá por el año 2012 comencé a sentir mareos, unos mareos prácticamente diarios, continuos, y verdaderamente molestos. Recorrí mil médicos y especialistas, busqué en cientos de páginas de internet, y mentalmente padecí mil y una enfermedades (soy muy hipocondríaca), pero ni el Sr. Google, ni ningún médico, ni el de familia, ni el internista, ni el endocrino, ni el otorrino… conseguían darme ya no una solución, sino tampoco una causa.

Tras más de un año de médico en médico, me acabaron diagnosticando ansiedad… ¿Ansiedad? ¿En serio? No me lo podía creer. Yo siempre fui una persona alegre, positiva, y por suerte sin grandes problemas. Eso sí, algo nerviosa, pero no hasta el punto de tener ansiedad, o al menos yo no sentía que tuviese ese tipo de problema.
Me llegaron a recetar ansiolíticos que me negué a tomar, aun con el enfado de mis padres, que decían que no me quería curar… Pero tengo que reconocer que, aunque inicialmente mis mareos no eran provocados ni de broma por problemas de nervios, después de ir de médico en médico y no encontrarme ni solución ni causa, terminé poniéndome muy pero que muy nerviosa, y puede que mis mareos posteriores los estuviera yo somatizando, ya que, además, buscar en internet, la verdad, no me ayudó demasiado.

Mi hipocondría y posterior ansiedad, tras los mareos iniciales, me jugaron malas pasadas incluso con los míos: ya nadie me creía, todo, según ellos, era fruto de la ansiedad. Tanto fue así que la primera vez que se me durmieron las piernas y se lo comenté a mis padres, recuerdo que estaba en la piscina y les dije que sentía más fría el agua en una pierna que en la otra, y su respuesta fue “Ya estás tú con tus paranoias. No es nada Raquel, a todo el mundo nos pasa, eso es ansiedad”.

Pero nuevamente supe que aquello no era normal, por mucho que mis padres me dijeran, así que decidí ir al médico. Eso sí, pensando que se trataba de algo muscular, nunca neuronal. Y tras pruebas y pruebas (concretamente dos años de pruebas) por fin me lo diagnosticaron y me confirmaron que aquellos mareos de hacía años, muy probablemente, habían sido también un síntoma de la Esclerosis Múltiple.

Y digo por fin me lo diagnosticaron porque, como comenté al principio, cuando me comentaron que tenía 90% de posibilidades de tener EM me aterroricé, pero el pánico duró ¡tres días! ¡Sí, literalmente sólo tres días! Ya que al tercer día me desperté y pensé que si me agobiaba, y además tenía EM, entonces tenía dos problemas, de modo que mi lema desde entonces fue: ¡que la enfermedad y la vida me sorprendan! Y vaya si me está sorprendiendo… El 28 de julio de 2016 llegó el diagnostico definitivo, pero aún con tal confirmación, soy una persona positiva, ¡Y sigo siendo la chica alegre y feliz de siempre! Y por cierto, me encuentro mejor que nunca.

Ahora sí, el diagnóstico me cambió en una cosa. Yo quería ser madre, y serlo cuando todavía me encontrarse bien, (aunque algo dentro de mi piensa que estaré bien durante mucho tiempo), de modo que hablé con mi neuróloga y le plantee que quería intentar quedarme embarazada, esperando un poco para iniciar el tratamiento. Él me dijo que si, que por supuesto, que lo intentase. Eso sí, que no podía esperar mucho tiempo sin iniciar el tratamiento, así que me puse el plazo de 6 meses, hasta enero de 2017. Si en este tiempo no me quedaba embarazada, iniciaría con la medicación y ya más adelante lo intentaría de nuevo, dejando así también un espacio al destino, yo nunca fui de planear demasiado las cosas.

Y dos meses después, el destino hizo su magia… ¡me acabo de enterar de que estoy embarazada! De un mes y medio, pero aunque todavía es demasiado pronto para contarlo a los cuatro vientos, si puedo deciros que la Esclerosis Múltiple ha propiciado que dentro de unos meses vaya a ver la cara de mi primer hijo. Ahora más que nunca, la vida y la enfermedad me han sorprendido, y de momento os aseguro que me ha hecho más positiva, más fuerte y más feliz que nunca.

Sólo un consejo, ya para terminar: que los problemas no te frenen, que nada te hunda. Porque como se suele decir, lo que no te mata, te hace más fuerte, y hasta en momentos de más oscuridad puede surgir un rayo de luz. Así que deja que la vida, y en su caso la enfermedad, te sorprendan… pero EMPOSITIVO, ¡mucho mejor!


comparte-historia

Si tú también quieres compartir tu historia haz clic aquí o escríbenos a emprimerapersona@empositivo.org,
¡Tu historia puede ser útil para otr@s!

 

 

Comentarios de Facebook

2 Responses to

  1. silvia dice:

    Ohhh Raque! Siempre directa al alma.

  2. Fanny dice:

    Mi niña linda!!! Con esa sonrisa que siempre te caracteriza!!! Sabes que te quiero y que cuando me necesites, volando estaré a tu lado!!!

Deja aquí tu comentario