La Esclerosis Múltiple: pasado, presente y futuro

 

Hablar de períodos de tiempo en la EM es siempre un tema delicado. Esta enfermedad, de la cual no existen datos históricos que puedan revelar de forma certera cuál es su origen, podría decirse que tiene tantas tipologías como pacientes han sido diagnosticados. Es difícil encontrar, como puede ocurrir en otras enfermedades, dos casos que sean exactamente iguales o remotamente parecidos y por eso resulta complicado que la aplicación de las medicaciones existentes en cada momento haga que éstas funcionen de la misma forma en dos pacientes que, aparentemente tienen el mismo tipo de la enfermedad.

Quien suscribe estas líneas lleva relativamente poco tiempo diagnosticado; y digo relativamente porque las cambiantes dificultades a las que hay que hacer frente en cada momento hacen que la mente se llegue a acostumbrar, pensando que la enfermedad nos ha estado acompañando desde el principio.

Sin embargo, cuando se habla con personas que llevan más tiempo diagnosticados este pensamiento queda relegado por el de la fortuna que se puede sentir por padecer esta enfermedad en un momento en el que la investigación ha evolucionado de una forma tan acelerada que las opciones que tenemos ahora probablemente se antojaban impensables hace unos años. Todavía recuerdo la historia que me contaba un compañero de cómo el tratamiento que tenía pautado y que, probablemente, era de los pocos existentes y aprobados para combatir sus síntomas en ese momento, debía ser preparado por el propio paciente mezclando los elementos de que se componía y que se iba a administrar a sí mismo.

El contraste de esa historia con la vivida hace unos años por pacientes a los que se le ofrecía la posibilidad de elegir entre diversos medicamentos de acuerdo a lo que se esperaba que éstos pudieran influir en su vida normal es abismal. En ese momento, sin ser conscientes de ello, estábamos siendo testigos de la evolución y el avance que se estaba produciendo en la industria farmacéutica, que estaba desarrollando nuevos productos para frenar o tratar de controlar la enfermedad en la medida de lo posible.

Y ese avance no había hecho más que comenzar; de los medicamentos autoinyectables se pasó al desarrollo de productos administrables por vía intravenosa y a los administrados por vía oral. Estos cambios, pedidos de forma unánime por los pacientes se habían logrado y esto facilitaba en gran medida la vida de los pacientes, los cuales llegaban a ser conscientes de que las opciones de que disponían no se habían estancado tras las primeras investigaciones sino que éstas seguían adelante.

De los trece medicamentos aprobados hasta la fecha tan sólo tres habían sido aprobados antes del año 2000. Cuatro lo fueron en la primera década de este siglo y seis a partir del año 2010. En la actualidad, para la EM recurrente-remitente (la forma más común de la enfermedad) existen siete medicamentos en fase 3 de desarrollo y diez en fase 2. Para la primaria progresiva hay 4 en fase 3 y 5 en fase 2, mientras que para la secundaria progresiva hay tres en fase 3 y doce en fase 2.

Lo que nos depara el futuro es difícil de prever pero, además de los avances medicinales comentados, el uso de diferentes terapias ya existentes (como es el caso de la aplicación de medicamentos utilizados contra el VIH), como las posibilidades que se abren con el desarrollo de nuevas tecnologías como el uso de células madre, el reinicio del sistema inmunitario a un momento anterior en el que éste no tenía lesiones, el desarrollo de la tecnología de edición genética (CRISPR y la molécula Cas 9) o, incluso, la posibilidad de recuperar la mielina dañada en cada uno de los brotes que ha sufrido el paciente a lo largo de su vida, nos llevan a pensar de una forma positiva sabiendo que la investigación y el desarrollo tecnológico están ahí para cubrir nuestras espaldas y para darnos cuenta de que, aunque la situación puede llegar a ser muy complicada también cabe la posibilidad de que no lleguemos a estos extremos.

La Esclerosis Múltiple es una situación médica muy complicada, en la cual la incertidumbre de qué es lo que pasará en el futuro puede hacer que vivir el día a día sea realmente difícil. Pero aún no hay nada definitivo, la vida se va escribiendo paso a paso y, del mismo modo que podemos encontrarnos a la vuelta de la esquina con malas noticias que vienen a trastocarla por completo, hemos de pensar que también habrá buenas noticias que se presentarán cuando menos lo esperemos.

Y esa es la forma más recomendable de mirar hacia el futuro.

Jacobo Santamarta Barral
Vocal Joven de AEDEM-COCEMFE

 

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