‘Castores’

Un relato de Paula Pereira

Palo que ponía, palo que el agua arrastraba río abajo. Qué frustrante estaba resultando construir la pequeña presa en la que construiría su castorera individual. Ni tras haber optado por dejar todo el material necesario a la orilla del río conseguía que le diera tiempo a colocar más de tres endebles y delgados troncos para frenar la corriente acuática. No cesaba en sus intentos, pero comenzaba a darse cuenta de que aquella labor le resultaría imposible. Harían falta maderas más fuertes, como las de la obra de la que se había escapado; pero volvía a toparse con el mismo problema, pesaban demasiado y tardaba muchísimo más tiempo que sus compañeros en conseguir roer el árbol que lo proporcionaría, amén del esfuerzo que le acarreaba transportarlos. Ese era el principal motivo que había llevado al joven castor a huir de su hábitat original, la frustración de no ser como sus compañeros, el considerarse menos útil que los demás, el pensar que era menos que ellos, el estúpido complejo de inferioridad se había apoderado de su ser y la nueva situación no estaba ayudando; ahora estaba sintiendo exactamente lo mismo pero en una situación más desfavorable, estaba solo.

Había jurado y perjurado que no volvería a su hogar, pero comenzaba a plantearse la idea, la incapacidad de construir un dique en solitario lo dejaba expuesto a depredadores, pues no tenía madriguera en la que cobijarse; y no tardaría en llegar el invierno, y la recolección de alimentos ni se la había planteado aún siendo consciente de lo necesaria que resultaba para afrontar los gélidos meses venideros. Finalmente decidió que tendría que volver para sobrevivir, que tendría que resignarse y dejarse ayudar.

Se dejó llevar por la corriente hasta que tuvo que empezar a nadar, siendo esto el aviso de que ya se encontraba cerca de la presa, en las proximidades de donde el agua ya no fluía libremente.

La vergüenza se había apoderado de él, pero sacando todo el valor de sus adentros pidió que le prestasen atención a lo que se disponía a decir:

-Queridos familiares, amigos y compañeros castores. Me he visto obligado a volver tras mi furtiva huida, pues sin vuestra ayuda no sería capaz de sobrevivir. Os pido que me disculpéis si mis capacidades no llegan a las expectativas fijadas para un castor de mi edad, si mi velocidad de trabajo es inferior a la de los demás, si mis habilidades colocando troncos no cump…

-¿Pero qué tontería estás diciendo?-lo interrumpió una voz bruscamente- ¿en qué momento te pensabas que te íbamos a dejar de lado por eso? ¿Por qué clase de animales irracionales nos tomas?

El pequeño roedor se quedó perplejo, qué se supone que debía contestar a eso, había tomado la decisión de irse por el bien de la manada, pero en ningún momento había tenido en cuenta lo que ellos pensaban.

-Preferimos tenerte aquí con nosotros, porque siempre nos aportarás aunque no seas el mejor de los trabajadores.-Pronunció otra voz.

Estaba aún mas avergonzado que al principio por la decisión que había tomado, pues había tachado de incomprensivos a sus compañeros y ahora estaba allí, enmudecido delante de ellos, hasta que otra voz rompió el incómodo silencio que se le estaba haciendo eterno.

-Yo te entiendo… llevo una temporada en la que roer árboles me lleva mucho más tiempo que antes y acarrear con el tronco luego se me hace muy complicado y costoso. Me he planteado irme, pero era consciente de que solo no llegaría a ningún lado. No pasa nada por pedir ayuda, y ahora que tú has vuelto… podríamos cooperar juntos, entre los dos seremos mucho más fuertes, hábiles y rápidos.

Fue otro de los allí presentes el que comenzó a golpear con su cola uno de los troncos que formaba el dique, emitiendo un aplauso castoril; y no tardaron en unirse los demás a la ovación a la gran idea que el compañero había propuesto. Todos aplaudían la idea, salvo ellos dos, que además de una sonrisa también compartieron una cómplice mirada. Sin duda colaborando entre ellos lograrían mucho más que sobrevivir.

 

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2 Responses to

  1. Javier Sánchez dice:

    Qué cuento más chulo, enhorabuena Paula, ojalá más y más castores encuentren a sus compañeros, que de esas colaboraciones salen las mejores presas.

  2. Paula Ortiz dice:

    Mencanta! Gracias Jaco por compartir esto conmigo, y gracias Paula por escribirlo. Me siento afortunada de todos los castores que tengo a mi lado. Todo el mundo debería tener al menos uno.

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