CRISTINA GUERRERO (Barcelona) | 03/02/2017

Hace ya seis años que comparto mi vida con la Esclerosis Múltiple, seis años en los que ha habido de todo. En un primer momento fue relativamente “fácil” aceptarlo, estaba ingresada en el hospital y de inicio me dijeron que podía ser o bien un virus en la médula, o bien EM. Así que una, por ser fuerte, se pone en el peor de los casos, se hace a la idea y se mentaliza para cuando definitivamente te dan el diagnóstico y te confirman que es EM.

Después del diagnóstico estuve dos años que me encontraba perfectamente; si no fuera porque tenía una cita con Rebif tres veces por semana casi ni me acordaba de ella… pero después empecé con la racha de un brote por año. Aunque han sido brotes que no me han causado nuevas lesiones y las resonancias han salido igual que al principio, te preguntas por qué. Si he estado bien un tiempo, ¿Por qué ahora tengo brotes casi cada año? ¿Qué está fallando? Y te sientes impotente y te frustras.

Reconozco que antes del diagnóstico estaba un poco desesperada, ya que iba a los médicos y nadie me deba solución ni me sabía decir qué me pasaba. Ahora con mi neuróloga estoy contenta y no me puedo quejar ya que a la mínima que siento algo hago una llamada y me programa una visita para ver cómo estoy. Siempre me transmite optimismo y me da confianza, y eso es de agradecer.

Psicológicamente hay momentos para todo. Lo fácil son esos momentos que como te encuentras bien lo llevas de manera positiva y no te da miedo nada, pero también existen esos momentos en que mandarías todo a la m…. Momentos en los que te sientes sola aunque no lo estás, que te preguntas por qué te tiene que pasar a ti, que te da miedo lo que puede pasar o cómo estarás en unos años, que se te desmoronan los planes de un “futuro próximo” porque has tenido un brote así que hay que aplazar lo que tenías en mente. Hay días que te levantas sin fuerzas y cuesta afrontar el día, o simplemente llega el fin de semana y lo que más necesitas es descansar.

A veces es difícil hacerle entender a los que te rodean lo que sientes, sobre todo cuando eres joven y los amigos no “entienden” que no te apetezca salir, o que no puedas hacer cierta actividad en grupo porque físicamente te va a agotar.

Pero mi gran apoyo son mi familia y mi pareja, los que siempre están ahí, los que se preocupan por mí y me entienden, los que intentan ponerse en mi lugar, los que se apuntan a cualquier actividad relacionada con la EM (ya sea la cursa de Montmeló, ir a una piscina a celebrar el Mulla’ t, colaborar con la campañas de “Una manzana por la Vida” o “Kiss Goodbye to MS”) para apoyarme en todo… Sin ellos no podría seguir adelante y sacar fuerzas. Por eso, ¡esto va por ellos!


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