PAULA PEREIRA (Vigo) | 03/02/2017

Me llamo Paula, tengo 27 años y desde hace dos convivo con la esclerosis múltiple.

Puede ser que muchas veces tenga lapsus de memoria y se me olviden cosas, pero creo que nunca se borrará el momento en el que, sobre la cama del hospital un médico pronunciaba por primera vez las palabras que más me atemorizaron en mi vida: “es esclerosis múltiple”.

¿Y ahora qué? ¿De aquí a la silla? ¿Me estás diciendo que de cómo estoy ahora sólo podré ir a peor? Neurodegenerativa, ¿cómo de rápida? Estas preguntas me las hice, aunque lo que sonaba más alto en mi cabeza eran un montón de palabrotas, autocompasión y la eterna duda a la que terminaría encontrando una respuesta, ¿por qué yo?

He de reconocer que me puse manos a la obra bastante rápido, la idea de que el reloj avanzaba a más velocidad para mí me hizo querer aprovechar todo al máximo. Lo primero era informarme sobre la enfermedad, tanto testimonios en primera persona como publicaciones de revistas médicas, conocer al enemigo aporta una ventaja considerable, a la par que mucha tranquilidad al descubrir que no se tienen por qué cumplir tus preconcebidas ideas de que pasados unos años no podrás caminar, o lo que es todavía mejor, conocer a gente que te enseña que la felicidad no se basa en que tus piernas obedezcan órdenes o no.

Al cabo de unos meses tras la visita al neuro por mi segundo brote mi perspectiva acabó de cambiar por completo, había sucedido eso que tanto temía y sin embargo todo seguía prácticamente igual. Había llegado el día del examen y lo aprobé con buena nota, ese día tuve la necesidad de expresar cómo me sentía, y llegó mi blog (viviEMdo). Pasaban los días y yo seguía aprendiendo, no sólo cosas de la EM ya, sino de la vida en general, las compartía en mi rinconcito de internet y a la gente le gustaba, me decían que les ayudaba mucho.

Esa es una sensación preciosa para un ser humano, que otro te agradezca que lo hayas ayudado. Por suerte, la bola de nieve siguió creciendo el día que una amiga contactó conmigo en busca de ayuda para una amiga suya recién diagnosticada. Ella no sabía qué hacer ya para animarla, pero yo sí; me resultaba tan fácil como escuchar a Lorena y que ella por una vez tuviese la seguridad al 100% de que quien la escuchaba entendiese perfectamente lo que estaba sucediendo en su cuerpo, porque yo también lo había vivido, porque eso era lo que yo hubiese querido en octubre de 2014.

Y finalmente así se resolvió la gran duda del “¿y por qué yo?”. Pues la respuesta es sencilla, aprovechar esa positiva perspectiva que tengo de mi enfermedad y propia vida para ayudar a otras personas a convivir con la enfermedad. Porque la esclerosis múltiple no es más fuerte que las ganas de ser feliz de nadie, pero tiene la habilidad de taparlas; por eso no hay que luchar de frente contra ella, si la llevas a tu lado podrás verlas siempre.

 


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Comentarios de Facebook

3 Responses to

  1. Pablo dice:

    La mejor actitud para caminar junto a esa nueva “amiga”. Ayudas y ayudarás a mucha gente con tu experiencia. Sigue así…

  2. Montse Canda dice:

    Gracias Paula

  3. Nely Diaz Fernández dice:

    Muchas gracias, tengo esclerosis primaria progresiva,

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